Vale, vamos por partes: por qué keto encaja
Nuestro cuerpo no evolucionó con bollería del súper, sino alternando abundancia y escasez; en ese vaivén, la cetosis era el plan B para que el cerebro siguiera a tope usando grasa como combustible. Cuando bajas carbohidratos y priorizas proteína y grasas reales, la energía se vuelve estable y el hambre deja de mandar tu agenda.
Ok, déjame explicarte mejor esta parte: no es magia, es ajuste metabólico. Menos picos de glucosa e insulina se traducen en más saciedad, mejores triglicéridos y, en personas con resistencia a la insulina, mejor control glucémico bajo supervisión. Como repite el Dr. Bayter: “comida de verdad, horarios simples y agua con sal; lo demás es ruido”.
Espera, te lo repito porque esto es importante: no va de “cero carbos”, va de tu rango funcional. Mucha gente encuentra su punto dulce entre 20–50 g netos/día, destinando lo poco a hojas verdes, crucíferas y frutos rojos, para cuidar fibra y microbiota sin encender la montaña rusa de azúcar.
El verdadero problema de los carbohidratos
El lío gordo no lo montan los vegetales ni una buena patata ocasional, sino los carbohidratos refinados y ultraprocesados: harinas, bebidas azucaradas, cereales “integrales” de pega. Ensayos controlados muestran que una dieta ultraprocesada te hace comer más sin darte cuenta, y en dos semanas ya se nota en la balanza.
Esto suele pasar más de lo que crees: desayunas pan y zumo, sube la insulina, baja la glucosa a los 90 minutos, llega el bajón y… otra ronda. Keto corta ese circuito y el ayuno intermitente lo remata, porque te da ventanas sin picos donde el hambre se calla y la cabeza se aclara.
Mini historia: a Paula a las 11:00 le sonaba el estómago como alarma de fábrica. Dos semanas de keto sencillo + 16/8, huevos con espinacas y aguacate al mediodía, y su hambre bajó de volumen. No perdió 10 kg en 10 días (spoiler: nadie), pero recuperó foco y humor, que también suma años de vida.
Ayuno intermitente sin dramas
El ayuno no es penitencia, es un marco horario. Comer dentro de 6–10 horas —idealmente empezando temprano— mejora sensibilidad a la insulina, presión arterial y marcadores de estrés oxidativo incluso sin perder peso. Vamos, que ayuda aunque la báscula aún no cante.
Versión Bayter práctica: hidrátate, cuida electrolitos (sodio, potasio, magnesio), rompe el ayuno con proteína + vegetales y no “compenses” con postres fit de caja. Precauciones claras: embarazo, lactancia, T1D/T2D medicada, TCA o medicación compleja requieren supervisión. Estrategia sí, heroísmo no.
Y atento a lo siguiente porque es importante: el sueño es tu mejor suplemento natural. Dormir poco sube hambre y antojos; dormir bien facilita cualquier protocolo, incluido el ayuno.
Engaños de la industria: azúcar con corbata
No es conspiranoia; es historia. Durante décadas se financiaron mensajes para culpar a la grasa y blanquear el azúcar, mientras inundaban las estanterías con productos “light” que eran básicamente jarabes con etiqueta amable. Resultado: más consumo, más hambre, más sed de refresco… y ya sabes el final.
Los ultraprocesados están diseñados con el “bliss point” (sal‑azúcar‑grasa) para que no puedas comer solo uno, y el marketing infantil hace el resto. Consejo de amigo: aprende persuasión para no comprar humo. Un recurso útil es “Vender es seducir”: entender cómo te venden te permite decidir mejor y que la caja bonita no decida por ti.
Ok, detalle express para leer etiquetas: si los primeros ingredientes acaban en “osa”, aparecen “jarabe de…”, “maltodextrina” o aceites vegetales refinados, estás ante un producto hiperpalatable diseñado para que repitas. Pásalo de largo o que sea excepción, no costumbre.
Plan keto de 7 días (modo fácil)
Vale, vamos a lo concreto. Un ensayo de una semana para ganar tracción. Los primeros 3–5 días puede haber “keto flu”; agua, sal y paciencia son el puente a la orilla tranquila.
- Despensa: saca bebidas azucaradas y snacks; deja a mano huevos, carne/pescado, aguacate, AOVE, frutos secos, hojas verdes y crucíferas.
- Plato: proteína dominante (200–300 g), muchas verduras bajas en almidón, grasa saludable y especias sin miedo.
- Límite: 20–50 g netos/día contados de verduras y frutos rojos, no de harinas ni cereales “fit”.
- Electrolitos: una taza de caldo salado al día evita dolor de cabeza y apatía inicial.
- Ventana: 14/10 o 16/8, idealmente comiendo más temprano; 7–8 horas de sueño o no hay milagro.
- Métrica: energía estable, menos antojos y perímetro de cintura; la báscula diaria miente más que tu cuñado en Navidad.
- Medicación: si usas fármacos para glucosa o tensión, habla con tu médico por posibles ajustes.
Tip de adherencia: cocina el doble y guarda porciones. Tener comida real lista es tu mejor escudo contra el picoteo impulsivo del armario de ultraprocesados.
Conclusiones y acción de hoy
Resumen rápido: keto + ayuno intermitente encajan con nuestra historia evolutiva y tienen respaldo en estudios para mejorar saciedad y marcadores metabólicos, sobre todo si reduces ultraprocesados. No va de demonizar todos los carbohidratos, va de entender que los refinados son gasolina para la montaña rusa del apetito.
Acción mínima viable: planifica ya tu próxima comida keto. Elige una proteína (huevos, pollo, pescado), dos verduras de bajo almidón y una grasa saludable (AOVE, aguacate). Añade agua con una pizca de sal. Si te ves con ganas, prueba mañana una ventana 14/10. Poco glamour y mucha coherencia: así se convierte la evidencia en resultados que se notan en el cuerpo y en la cabeza.
